A la hora del recreo, el bocadillo se impone como la opción indiscutible y recurrente para los estudiantes. El peor enemigo de la dieta infantil es la falta de variedad.
Por eso es importante introducir otros alimentos como la fruta y los lácteos. Los especialistas en nutrición han llamado la atención en numerosas ocasiones acerca del deterioro en los hábitos de alimentación. Dentro del conjunto de la población, el sector infantil es el grupo más vulnerable. Aunque hay un porcentaje de estudiantes que durante el intermedio de las clases no toman nada, la inmensa mayoría de los jóvenes acompaña su tiempo de ocio con algún tentempié para hacer más llevadera la espera y de forma que se llegue a la comida sin la sensación de tener un enorme agujero en el estómago.
Estos “segundos desayunos” suelen ser alimentos que van en función de los hábitos y costumbres que se sigan habitualmente. Por lo general, se trata de bocadillos, aunque también suele recurrirse a la bollería y las galletas.
Los niños en edad escolar deben seguir una dieta que les garantice una correcta y proporcionada aportación de vitaminas, proteínas, grasas e hidratos de carbono, que se complemente con una actividad física adecuada. A media mañana, en la hora del patio, es recomendable completar el desayuno con un bocadillo pequeño de queso, jamón o paté, acompañado de una pieza de fruta, alimentos ricos en hierro y carbohidratos.
La falta de hierro puede llegar a producir anemias, cansancio y una disminución del apetito. Asimismo, puede afectar al aprendizaje, la capacidad de concentración y el rendimiento escolar. En este sentido, los dietistas subrayan la importancia de aprovechar este “segundo desayuno” para ingerir alimentos ricos en hierro.
Sustituciones en la dieta
Si esta dieta comienza a tener variaciones, como sustituir la presencia de azúcares naturales (frutas, cereales…) por otros alimentos procesados, ricos en azúcares añadidos, como los bollos o los refrescos, puede derivar a largo plazo en problemas de obesidad. Los lácteos azucarados como las natillas suelen sustituir con cierta frecuencia el consumo de frutas, bien porque resulta más cómodo (no hay que pelar la fruta) pero también pueden ir produciendo progresivamente una adicción al azúcar.
Por lo general, la tendencia habitual suele ser consumir bocadillos que, en su mayor parte, se rellenan con embutidos o crema de cacao. También suele ser una opción cotidiana untar el pan con mantequilla o margarina, pero no es recomendable porque aportan un exceso de grasa si se usan de manera continuada.
Además de las golosinas, la bollería es otra alternativa frecuente a media mañana, por la comodidad que puede suponer ante la falta de tiempo. Sin embargo, estos bollos son altamente calóricos y muy pobres en cuanto a valor nutricional. Aunque producen la sensación de “estar lleno”, su consumo debe producirse tan sólo de manera esporádica y en pequeñas cantidades.
En general, la dieta infantil cuenta con una gran cantidad de añadidos chocolateados y grasas saturadas nada recomendables. Para equilibrar la dieta, a media mañana lo más adecuado es alternar bocadillos con productos lácteos, yogures, agua y fruta. Esta última también puede consumirse en forma de zumos ya preparados.
Otros rellenos de bocadillo
Las habituales galletas o las pequeñas piezas saladas pueden dejar paso a galletas de trigo integral o frutos secos como las avellanas o las nueces, que se pueden llevar al centro escolar ya limpias de cáscaras y sin que pierdan por ello sus propiedades. El queso es otra buena opción como relleno de bocadillos. Es una importante fuente de calcio, un mineral esencial para el crecimiento y la salud de los huesos, tan importante en esta etapa de la vida, aunque no conviene olvidar su contenido graso.
No hay que olvidar que se trata de niños, con lo cual algunos pequeños “trucos” pueden hacer que las nuevas alternativas tengan éxito. El relleno de los bocadillos puede sustituírse con otros productos más magros como el jamón serrano, el jamón cocido o la pechuga de pavo, lo cual no quiere decir que haya que dejar totalmente de lado el chorizo o el salchichón.
Dentro de esta línea de innovación pueden prepararse bocadillos vegetales, rellenos con tortilla e incluso con verduras a la plancha, aprovechando que el formato del “bocata” tiene gran aceptación y puede servir para aportar al organismo alimentos que, en otras circunstancias, no resultan fáciles de digerir.
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