Las fiestas navideñas son fechas en las que el marisco toma protagonismo. Pero hay que tener cuidado porque pueden presentarse casos de alergia a los crustáceos, especialmente entre personas adultas.
Las alergias son el enemigo invisible que aparece en cualquier parte, tanto en el propio aire, como en los animales, la comida, la ropa o las plantas. De hecho, se trata de un problema que puede desencadenarse por más de 1.500 sustancias conocidas.
Cuando una persona es alérgica a una determinada sustancia, el organismo responde de forma hipersensible ante el contacto de lo que considera como “extraño” (aunque sean sustancias inocuas para otros individuos) y ello provoca la aparición de anticuerpos como mecanismo de defensa. En este punto aparecen los síntomas alérgicos.
En concreto, las alergias alimentarias se manifiestan con un conjunto de síntomas que afectan a la piel, al aparato respiratorio y aparato digestivo y suelen desencadenarse de forma inmediata tras ingerir un alimento.
Ni crustáceos ni moluscos
En el caso de la alergia a los mariscos, una vez que se manifiesta permanece durante el resto de la vida de la persona y suele ser más frecuente en casos de ingesta de crustáceos como la langosta o las gambas, aunque también puede producirse al ingerir calamares, sepia o diferentes moluscos como almejas o mejillones.
Las personas con alergia a algún tipo de marisco deben evitar la ingesta, no sólo del que les produce la reacción sino de todos los que pertenecen a esa familia de alimentos. Por otra parte, deben evitar entrar en el espacio donde se cocinan los animales, porque el vapor le puede producir problemas en nariz, ojos o pecho.
En las fiestas navideñas, los pescados y mariscos son algunos de los productos más consumidos. Aunque son muy recomendables por ser ricos en vitaminas, proteínas y minerales y pobres en grasas, también pueden albergar toxinas, bacterias o virus y convertirse en un riesgo para la salud.
Los alergenos del pescado y del marisco no se destruyen al cocinarlos e incluso puede haber personas que sean alérgicas al pescado cocido pero no al crudo. Los alergenos principales del pescado son las proteínas denominadas parvalbuminas, similares en todos los pescados, mientras que los alergenos del marisco son proteínas del sistema muscular aunque también pueden encontrarse en la cáscara.
Uno de los parásitos más conocidos del pescado y el marisco es el anisakis, un gusano cuyas larvas viven en el músculo y en la cavidad abdominal de diferentes especies. La ingestión de productos de mar contaminados con anisakis puede producir graves alergias con erupciones cutáneas, picores y dificultades para respirar.
Intolerancia en edad infantil
Existe una larga lista de alimentos que producen alergia, tanto en niños como en adultos. Uno de los más frecuentes en edad infantil es la leche de vaca, que provoca vómitos, diarreas y urticarias. Por lo general, a medida que se va creciendo esta sensibilidad se va perdiendo y a los 3 años, la práctica totalidad de los alérgicos a la leche de vaca puede ingerirla sin problemas.
La alergia a los huevos es otro problema que se manifiesta en los niños y que desaparece a medida que van creciendo. Las causantes son las proteínas ovomucoide, ovoalbumina y ovotransferrina que se encuentran en la clara del huevo.
En el caso de alergia al pescado, un porcentaje elevado de los que son alérgicos en la infancia lo siguen siendo en la edad adulta, a diferencia de lo que ocurre con la leche y el huevo.
En la infancia también suele aparecer intolerancia a ciertas leguminosas. Algunas, como la lenteja, el garbanzo o el guisante se toleran a medida que el cuerpo crece, pero otras, como la alergia al cacahuete o la soja, persisten con la edad.
En ocasiones se producen alergias a las frutas o verduras, aunque por lo general son de carácter leve. Es frecuente que una persona alérgica al polen sea también alérgica a alguna fruta o verdura, porque los alergenos de ambos son parecidos. Algo similar sucede entre los alergenos del látex y determinadas proteínas de frutas tropicales como el plátano, aguacate y kiwi que pueden desembocar en que un alérgico al látex desarrolle alergia a estas frutas.
En cuanto a los frutos secos, también pueden causar síntomas severos. Las alergias más frecuentes son a la almendra y a la avellana y pueden prolongarse desde la infancia durante toda la vida.
Si se elimina totalmente un alimento de la dieta durante uno o dos años los síntomas clínicos pueden desaparecer, aunque a menudo la eliminación completa de un alimento alergénico de la dieta resulta complicada porque las comidas preparadas pueden contener cantidades pequeñas de ese alimento. Por otra parte, algunas alergias como al pescado o a los cacahuetes pueden durar toda la vida.
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