Las naranjas y mandarinas han dejado de ser la principal fuente de vitaminas en las casas españolas. Agradables a la vista y al paladar, las frutas tropicales llegan en medio de una explosión de colores, ofreciéndonos sabores nuevos y texturas diferentes. Ante todo lo que más nos llama la atención en estos manjares tropicales es su viveza, su riqueza en colorido.
Las naranjas y mandarinas han dejado de ser la principal fuente de vitaminas en las casas españolas. Agradables a la vista y al paladar, las frutas tropicales llegan en medio de una explosión de colores, ofreciéndonos sabores nuevos y texturas diferentes. Ante todo lo que más nos llama la atención en estos manjares tropicales es su viveza, su riqueza en colorido.
Basta situarnos en frente de una parada en cualquier mercado para sentirnos particularmente atraídos por el arco iris que éstas nos ofrecen: el amarillo de los plátanos contrasta con el verde oliva del aguacate, o el rojo del alquejenje, el púrpura de la pitaya con el rosado de la papaya, verde del kiwi con el amarillo de la piña. Toda una estimulación para el apetito.
Dulzura y salud
El aspecto tan vivo de estas joyas del trópico no es mera coincidencia. Sus llamativos colores son el resultado de la riqueza de estos alimentos en componentes que resultan muy importantes para la salud, principalmente flavonoides y carotenos. Así, por ejemplo, el color amarillo calabaza de la papaya se debe a su riqueza en licopeno, un colorante con propiedades antioxidantes, capaz de proteger contra numerosos cánceres, así como de disminuir el colesterol en la sangre o de prevenir las inflamaciones de la próstata. El color rojo de las sandías también responde a su riqueza en licopeno. Los melones, sin embargo, presentan color amarillento fruto de su riqueza en betacaroteno.
Los apetecibles sabores y aromas de las frutas tropicales no sólo atraen la curiosidad de nuestros estómagos. Muchos animales son consumidores habituales de estos alimentos y ayudan a la dispersión de la planta y germinación de las semillas, al expulsarlas en lugares donde haya menos competencia por el suelo y la luz.
La dulzura es otro de los adjetivos que podemos asociar a las frutas tropicales, debido a su gran riqueza en azúcares, que se produce como consecuencia de una temperatura superior en estas zonas geográficas, donde hay una gran eliminación de agua y una mayor concentración de los azúcares. Esto no implica que este tipo de frutas tenga obligatoriamente que engordar. Muy al contrario, la mayoría de ellas proporciona una gran saciedad y son el complemento adecuado para una dieta de adelgazamiento. Además, el uso de este tipo de frutas resulta muy adecuado en niños inapetentes o en personas con trastornos alimentarios como la anorexia.
Virtudes naturales
Son muchas las propiedades de las frutas tropicales. Muchas de ellas contienen principios que favorecen la digestión, como la bromelaína de la piña, que ayuda a digerir bien los alimentos; de ahí la costumbre en muchos banquetes de finalizar la comilona con un pedazo de esta riquísima fruta. Los plátanos, una opción que gusta mucho a los pequeños de la casa, contienen magnesio, potasio, fósforo y hierro.
Especialmente rico en potasio resulta el kiwano, una especie de melón amarillento, procedente de Nueva Zelanda, que tiene forma alargada y corteza dura amarillenta provista de largos pinchos. Un mango mediano proporciona mucho más de la cantidad necesaria diaria de vitamina A para un adulto. Los kiwis pertenecen a las frutas con más contenido en vitamina C. La papaya es uno de los descubrimientos llegados del trópico que se ha convertido en un producto habitual en los mercados españoles. Una papaya mediana contiene unos 190 mg de vitamina C, una cantidad que dobla la dosis diaria recomendada para un adulto que es de 90 mg en los hombres y 75 mg en las mujeres.
No menos interesante resulta la riqueza en grasas del aguacate. La ventaja de estas grasas es que están formadas por ácidos grasos esenciales (ácidos linolénico y linoleico), por lo que nos pueden ayudar a contrarrestar los efectos perniciosos de las grasas saturadas contenidas en los aceites animales. Y en los días calurosos de verano qué refrescantes resultan muchas de estas frutas tropicales, como la sandía que nos proporciona una ingente cantidad de agua y nos ayuda a prevenir la deshidratación. Igualmente, un batido de yogur bien fresco con la fruta de la pasión o maracuyá, será un buen recurso para saciar la sed. Posibilidades no faltan dentro de esta sabrosa gama de sabores, donde la imaginación y las ganas de experimentar nuevas sensaciones nos aportan una nueva forma de entender la fruta, una opción tan jugosa como saludable.
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