El pan es, sin duda, el acompañante indispensable en la cocina. Para acompañar a las salsas, en pinchos y bocadillos, sólo o bien acompañado, resulta una tentación difícil de resistir.
Además, la oferta actual multiplica las opciones y pone al alcance numerosas variedades. Desde hace miles de años, los cereales han sido la base del sustento de las civilizaciones y aunque se pueda pensar que las numerosas variedades de pan que existen en el mercado son una novedad de los últimos años, lo cierto es que en el siglo II d.C. ya se conocían más de setenta formas de elaborar este alimento cotidiano.
Egipto ya contaba con grandes cosechas de trigo 5.000 años A.C. y los griegos eran también panaderos que fabricaban una galleta de pasta sin levadura hecha a base de trigo. En un paseo por la Grecia clásica se podía optar por comprar pan de centeno, de avena, de trigo negro, de salvado egipcio … elaborados de diversas formas, tanto cocidos en molde como hechos entre dos planchas de hierro o amasado con leche y especias.
Numerosas variedades
En la actualidad, el pan se adapta a las exigencias del consumidor. Su composición depende de los ingredientes empleados, comenzando por la harina. La variedad que más se consume es la barra, elaborada a base de trigo en su mayor parte, seguida de la baguette, de origen francés, un pan muy digestivo y el más usado en restauración, en concreto a la hora de preparar bocadillos. En tercer lugar se encuentra la chapata, de origen italiano y formas planas, muy apreciada tanto para acompañar las comidas como para bocadillos.
Los establecimientos también ponen a la venta pan integral, elaborado con harina integral y rico en fibra. Se caracteriza porque tanto su corteza como la miga son más oscuras que el pan blanco y cuenta con muchas variedades. El artesano de leña es un pan de gran consistencia, corteza dura y miga bregada, que se hace con harina especial.
En cuanto al pan de salvado de trigo se fabrica generalmente con una harina blanca, refinada, con el añadido de salvado. El pan de molde es el elaborado con harina más blanca, a la que se añaden azúcar y otros productos lácteos, con el fin de conseguir una miga más esponjosa. Tiene forma de rebanada y es especial para preparar sandwiches. También existe el pan de cereales, compuesto por harina de centeno y de otros cereales, como el maíz o la soja. Para enriquecer su sabor suele decorarse con semillas, copos de avena u otros ingredientes, con lo cual también resulta más vistoso.
Las pequeñas vienas tienen una forma achatada y se elaboran con gluten, harina de malta, amilasas y trigo, el pan de hamburguesa tiene, al igual que el pan de molde, una textura suave y esponjosa. Finalmente se encuentra el pan sin sal, especialmente indicado para las personas que deban excluir este condimento de su alimentación así como pan especial para celíacos, elaborado sin gluten, una proteína presente los cereales que suelen emplearse en la elaboración del pan.
Otra variedad ligada a problemas en el organismo es el pan verde que, además de los ingredientes normales, suele incluir otros como el centeno, la harina integral de trigo, las pipas de girasol que contienen muchas fibras y ácidos grasos saludables, los copos de avena, algo de maíz o las semillas de sésamo, rico en aceite comestible y saludable. Estos ingredientes, más o menos triturados, contribuyen a eliminar los problemas de estreñimiento.
Acompañamiento de recetas
Entre todas estas distintas modalidades se puede elegir a la hora de confeccionar un menú, para acompañar las recetas con aquel tipo de pan que mejor combine. Así, para acompañar a los embutidos y quesos, se recomienda el pan de trigo y las hogazas rústicas, mientras que para untar los patés es preferible el pan de maíz por su matiz dulce y elegir los morenos e integrales como el mejor acompañamiento de las verduras. Los pescados pueden servirse acompañados de la barra clásica y las carnes junto con panes de miga dura, muy trabajada, de masa muy blanca y prieta, sin olvidar la chapata, excelente para acompañar los guisos invernales. El propio pan es la base de algunas recetas típicas como la sopa de ajo, las migas extremeñas o la zurrukutuna o pan con bacalao.
La localización geográfica también implica un pan con determinadas características. Un ejemplo lo constituyen las baguettes francesas. El pan es la demostración de cómo, a partir de unos pocos ingredientes básicos se pueden conseguir infinitas texturas y sabores. En España existen más de 300 variedades de este alimento, entra las que destaca la barra, la citada baguette, el pan gallofa, esponjoso y especialmente indicado para hacer torrijas y las hogazas, un pan de intenso sabor, ambos típicos de Castilla-León, la bolla gallega, el pan de payés, típico de Cataluña y Baleares, hecho con poca levadura y sin sal, el panchón una hogaza asturiana aplastada y estriada de color blanquecino, la crujiente corteza y la miga hueca del pan de Cinta, propio de Aragón, las opillas, propias del País Vasco y Navarra, consistentes en unas hogazas en las que se ponen huevos duros y que tradicionalmente regalan las madrinas del bautismo a sus ahijados el día de San Marcos, sin olvidar algunos de solera como el pan bendito de Albacete, la pataqueta de Valencia o el lechugino de Valladolid.
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