La carne de cordero da juego a prepararse de muy diferentes maneras, desde unas sencillas chuletas a la parrilla, listas en unos minutos, hasta los guisos y calderetas que requieren una cocción más lenta e incluso conviene cocinarlos de víspera.
El cordero es una carne suave y tierna, con un sabor más o menos acentuado, en función de la edad del animal. Constituye toda una fuente de proteínas y minerales. Sin embargo, también encierra un alto contenido en grasa, por lo que no suele recomendarse en caso de seguir dietas de adelgazamiento o padecer problemas de colesterol.
A la hora de elaborar recetas sencillas, se pueden cocinar unas chuletitas en hojaldre. Se preparan las chuletas, dejando los palos limpios, se untan con aceite y se salpimentan, asándolas a la plancha unos dos minutos por cada lado. En el aceite restante se rehoga cebolla picada y fuera del fuego se agrega pan rallado, dos cucharadas de menta y zumo de limón. Todos estos ingredientes se unen con un huevo batido y se reservan.
Por otra parte, se estira hojaldre sobre una superficie enharinada, dejándolo de unos cuatro milímetros de grosor. Se corta en cuadrados y se coloca una chuleta sobre cada uno de ellos, repartiendo sobre cada uno la preparación de cebolla. A continuación, se sellan estos paquetes humedeciendo los bordes, se pintan con huevo batido y se ponen a hornear unos diez minutos a unos 200ºC.
Para adobar, pierna o paletilla
Entretanto, se cuece durante cinco minutos zumo de naranja y de limón con medio litro de vino oloroso, jalea de frambuesa y vinagre, se salpimenta todo y se añaden las cáscaras cortadas en juliana, así como media cucharada de mostaza. Una vez que esté todo hecho y ya fuera del fuego, se añaden dos cucharadas de grosellas. Se sirve el cordero acompañado de la salsa.
Si la idea es prepararlo adobado, se suelen escoger preferentemente la pierna o la paletilla. Si es un cordero lechal, se unta toda la superficie con aceite de oliva, se frota con ajo y se añaden hierbas aromáticas. A continuación, se deja reposar unas dos horas antes de meterlo al horno. Una vez dentro, hay que tener en cuenta las características de la pieza de carne, ya que si es gruesa, tardará más en hacerse. Como orientación, por cada medio kilo se debe dejar unos quince minutos.
Una vez terminada la cocción y apagado el fuego, el cordero se deja reposar otros 15 minutos con la puerta entreabierta, para que la carne disminuya la tirantez. Para conseguir que la piel del animal quede crujiente y acaramelada, la temperatura será más alta al inicio y al cabo de un rato se reduce para permitir que el interior se haga suavemente. A mitad de cocción conviene dar la vuelta a la carne para que se dore por todos los lados. Hay que supervisar la pieza y regarla con su propia grasa, vigilando para que la bandeja del asado no se quede sin líquido.
Elaborar de víspera
Cuando se quiere preparar calderetas o guisos, suele elegirse la zona del cuello y la falda, el primero porque tiene más carne y la segunda porque es más rica en grasa. La carne se cuece en un puchero con abundante aceite a fuego fuerte para que los trozos se doren por fuera y después se baja la intensidad y se añade líquido (puede ser caldo, agua, vino …), dejando que el cordero se haga poco a poco durante un largo espacio de tiempo. Para comprobar que la carne está hecha, tiene que poder separarse fácilmente del hueso. Como es una receta que conviene dejar reposar, suele hacerse de víspera y se calienta en el momento de servir.
Otra sencilla receta que requiere poco tiempo de preparación es la paletilla de cordero con patatas panadera y champiñones. En una bandeja de horno se colocan, mezclados, patatas cortadas en rodajas, cebolla en juliana y dientes de ajo, todos cortados muy finos, sazonados con sal y cubiertos con aceite de oliva. Se introducen en el horno previamente calentado y se hornean hasta que las patatas quedan tiernas.
En otra bandeja de horno se colocan varias paletillas de cordero lechal (en función del número de comensales) que también se salpimentarán y rociarán con aceite. Se meten en el horno precalentado y cuando estén doradas se riegan con vino blanco y agua. Se baja la temperatura y se dejan haciendo durante largo tiempo, empapándolas de vez en cuando con su jugo.
Por otra parte se limpian los champiñones, se cortan en cuartos y se saltean en la sartén con aceite de oliva. Cuando estén dorados se retiran. Las paletillas se sirven acompañadas de las patatas (bien escurridas) y de los champiñones. Como toque final, se añade por encima el propio jugo de la carne.
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