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El caqui, dulce y saludable

También conocida como “palo santo”, el caqui es una fruta rica en vitaminas e hidratos de carbono. Posee un sabor dulce, muy suave y delicado.

Muy apropiado para acompañar a las carnes, aunque generalmente se emplea como postre. Originario de China y Japón, el caqui forma parte del grupo de las denominadas “frutas exóticas”, cada vez más habituales en las recetas y fáciles de adquirir en los mercados. En el siglo XIX llegó a Europa por los países mediterráneos, pero hubo que esperar hasta finales del XX para que esta especie lograra un cierto reconocimiento. 

Existen diferentes variedades de caqui y el color de su piel dependerá de cuál se trate. La especie china se conoce como Diospyros  Kaki y posee un alto contenido en carotenos que le proporcionan tonalidades que oscilan entre rojas, naranjas o amarillas cuando alcanza la madurez, la japonesa es la Diospyros Lotus y también una tercera variedad, en este caso americana, conocida como la Diospyros Virginiana. 

En función de la variedad, el fruto puede pesar desde los 70 hasta los 400 gramos y el color de la pulpa varía entre amarillo y naranja. Aunque su sabor es muy astringente cuando está verde, a medida que madura se vuelve suave, dulce y aromático. 

Su tamaño es similar al de los tomates. Puede ser duro, con una consistencia firme y madura, piel tersa y brillantes tonalidades rojas y naranjas. Es dulce pero no empalaga. Fácil de pelar, se toma con tenedor. 

El caqui blando,  por el contrario, es suave, con una textura más gelatinosa y jugosa, por lo que suele tomarse con cuchara. De menor tamaño que el caqui duro y con forma achatada, en su madurez alcanza tonalidades más rojas que éste.

Nutritivo y rico en vitaminas
Esta fruta es rica en vitaminas A y B, además de ser una de las que más cantidad de vitamina C aporta al organismo. La provitamina A, que posteriormente el organismo transforma en vitamina A, es una de las causantes de su color anaranjado. 

Asimismo, posee un alto contenido en fibra y minerales como el fósforo, hierro y calcio y su piel contiene sustancias antioxidantes, como el tanino y fibras dietéticas. 

Otro aspecto importante es su alto contenido de agua, que lo hace muy recomendable si se padece retención de líquidos, para purificar y renovar el cuerpo. 

Por lo general, el caqui se degusta en los postres, cortado por la mitad y con una cucharilla aunque, al igual que otras muchas frutas, también permite otras opciones como la elaboración de zumos, mermeladas, compotas, helados o gelatinas. También suele desecarse para después destinarlo a complemento alimentario o en  relleno de pasteles. La pulpa machacada y mezclada con azúcar se convierte en una crema que se emplea para acompañar a los platos de carne. 

Postres llenos de sabor
Una tarta de caqui y granada con nueces puede ser un ejemplo de la versatilidad de esta fruta. Se coloca harina en un montón y se añaden en el centro azúcar,  mantequilla blanda, las yemas de varios huevos y levadura. Se amasa todo rápidamente, se tapa y se deja en un bol para que repose durante una hora en un lugar fresco. 

A continuación se divide la masa en dos partes. Con una de ellas se cubre un molde de horno y después se añade mermelada de melocotón, previamente mezclada con granada y se espolvorean por encima unas nueces trituradas. Se coloca la pulpa de varios caquis y se añaden más nueces. Con el resto de la masa se hacen unas tiras para colocarlas sobre la tarta a modo de enrejado y se mete al horno durante unos 45 minutos, previamente calentado a 160º. 

Con  varios caquis también puede elaborarse una mousse. Para ello se limpian y se pelan las frutas y se añaden dos cucharadas de azúcar, el zumo de media naranja y el de medio limón. Se cogen varias hojas de gelatina y se reblandecen en agua fría, después se escurren y en ponen en un cazo para fundirlas al baño María. Esta gelatina fundida se mezcla con la pulpa del caqui y a esto se añade nata montada Esta mousse se reserva en el frigorífico durante unas cuatro horas. 

Por otra parte, se trituran varios caquis y tras mezclarlos con el zumo de la media naranja y el medio limón restantes, se vierten en una fuente de cristal, a la que se añade la mousse de caqui, que se reparte por encima en forma de bolas. Como toque final, se decora con unas hojas de menta.

23 de abril de 2007


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