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Orejas de Carnaval, el postre del “entroido”

Junto con la cachucha y el lacón con grelos, las orejas de Carnaval conforman el trío de platos típicos que se degustan por estas fechas en tierras gallegas, en especial durante el entroido o carnaval orensano.

En unas fechas en las que las frías temperaturas invitan a alimentarse al amor de la lumbre llega el Carnaval, la fiesta de exaltación de la carne. En Galicia, esta celebración cuenta con una cocina propia, basada en el cerdo como ingrediente indispensable. Sin duda, herencia de la tradición secular imperante en Europa, de abastecerse de la carne de este animal.

Después de haber dado cuenta de una suculenta mesa, llega el momento de los dulces, entre los que se encuentran delicias propias de estos días: son las típicamente gallegas filloas (similares a las crêpes), el bandullo (un pastel a base de miga de pan, almendras y pasas), las flores y sobre todo, las orejas de Carnaval. 

En realidad, las orejas de Carnaval no deben incluírse dentro del apartado de los postres, porque suelen sacarse a la mesa después de concluída la comida, como un dulce que acompaña al café. Esta tradicional receta es fácil de preparar. Se comienza haciendo un volcán de harina. A continuación se pone en su interior un huevo entero y las yemas de otros varios, mantequilla (previamente habrá estado a temperatura ambiente para que adquiera una textura más suave) un poco de canela, anís, azúcar y leche y se trabaja con las manos para conseguir una masa homogénea. 

Espolvorear con azúcar 
Hay que amasar todo bien encima de una mesa, hasta conseguir que esta masa no se pegue ni a las manos ni a la mesa. Esa será la señal de que está en su punto. A continuación, se tapa y se deja reposar durante una hora. Después se estira sobre una mesa, de forma que la masa quede de un grosor muy fino y se va cortando en trozos con forma de oreja. 

Las piezas se fríen en aceite de oliva, abundante y bien caliente y cuando estén doradas se sacan, se escurren y se dejan enfriar sobre papel absorbente. Para finalizar, se espolvorean generosamente y desde lo alto con azúcar, que puede ser tanto normal como glacé. Conviene estar atento porque si se fríen a temperatura muy elevada o durante demasiado tiempo, las orejas pueden ennegrecerse. 

Otra receta para elaborar estas deliciosas orejas de Carnaval consiste en verter aceite en una sartén y freír en él las cáscaras de varios limones. Cuando estén tostadas se retiran y se vuelca el aceite en un cuenco. Por otra parte se baten varios huevos y se añaden al aceite, junto con leche, sal, anís y mantequilla previamente derretida. Después se va añadiendo harina hasta que la mezcla se despegue del cuenco y se amasa un poco. Una vez conseguida esta masa homogénea, se corta en porciones y cada una de éstas se estira con el rodillo hasta que queden finas. Se fríen en aceite caliente y se espolvorean con azúcar. Pueden tomarse tanto calientes como frías. 

A la hora de elaborarlas se pueden introducir algunas variedades o acompañamientos como en el caso de las conocidas como orejas de fraile o de Carnaval con miel de rosas. 

Para preparar los ingredientes, hay que tener en cuenta que la auténtica miel de rosas, muy habitual en Turquía, es difícil de conseguir por estas tierras. Puede prepararse un sucedáneo echando pétalos de rosa en un cazo con miel y poniéndolo al fuego hasta que casi llegue a hervir. Después la mezcla se mete en un frasco y se deja enfriar.

Otra manera diferente de preparar la masa consiste en poner harina en un bol y echar en el centro azúcar, un huevo y la yema de otros dos. Una vez que todo esté bien amasado, con cuidado para que no se formen grumos, se incorpora mantequilla fundida, se remueve y se añade un poco leche, para igualar la masa. 

Posteriormente se baten las claras a punto de nieve y se juntan con la mezcla que, una vez que tenga una textura uniforme puede extenderse sobre una mesa con la ayuda de un rodillo enharinado. Tan sólo queda cortar la masa en pedazos y freír en abundante aceite. A la hora de presentar en el plato, se colocan las orejas formando un abanico en uno de los lados de la bandeja y en el otro la miel, adornada con un poco de menta fresca. 

Esta variedad de postre, se puede acompañar de un vino blanco dulce con Denominación de Origen Rias Baixas de la variedad albariño o algún vino de moscatel, aunque también es posible decantarse por un orujo. 

22 de febrero de 2007


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