
Hoy en día resulta difícil hablar de alimentos de temporada, ya que la apertura de fronteras al comercio, unida a la modernización de los transportes y los sistemas de conservación en frío, posibilitan que se pueda disponer de este tipo de productos a lo largo del año.
Sin embargo, los alimentos frescos siguen conservando una estacionalidad en la que se pueden degustar con su punto óptimo de sabor.
Verano es, sin duda, la mejor época del año para disfrutar de los alimentos crudos, especialmente frutas y verduras. Con respecto a estas últimas, en estas fechas se encuentran piezas con altos porcentajes de agua, que ayudan a combatir las altas temperaturas. Un ejemplo de ello es el gazpacho, el plato estival más típico con sus ingredientes a punto: pepinos y tomates, entre otros.
Durante estos meses, apetecen más comidas crudas y frías, quizás templadas y es el momento de aprovechar el amplio abanico de verduras que ofrece el mercado. Antes de cocinarlas, conviene conservarlas en la parte más refrigerada del frigorífico y lavarlas bien antes de consumir pero sin tenerlas mucho tiempo en remojo, ya que pueden perder parte de sus vitaminas hidrosolubles.
Los tomates y pepinos, habituales en las ensaladas, deben lavarse y pelarse cuidadosamente, al igual que las patatas. En cuanto a las verduras que crecen a ras de suelo, como las lechugas, zanahorias, espinacas o rábanos, conviene lavarlas cuidadosamente y cocerlas hirviendo, un minuto por lo menos.
En general se recomienda cocinarlas en una olla a presión para que no pierdan nutrientes, tapadas, con poca agua y tan sólo el tiempo justo, agregando la sal cuando estén preparadas. Desde el punto de vista digestivo, se toleran mejor si se comen cocidas aunque si se consumen crudas, suponen un mayor aporte de fibra y sensación de saciedad.
Escalibada catalana
Berenjenas, calabacines, judías, patatas, pepinos, lechugas y tomates, puerros y zanahorias componen el multicolor muestrario donde elegir los menús de verano. Con ellos se elaboran refrescantes recetas como la escalibada. Este es un plato típico de Cataluña, hecho a base de berenjenas, cebollas, tomates y pimientos asados, bajo en calorías y con un alto contenido en fibra.
Las verduras se asan, a la parrilla o en el horno, hasta que quedan cocidas. A continuación se dejan enfriar, se pelan y se quitan las pepitas. A la hora de servir, se cortan en tiras largas de forma longitudinal y se aliñan con aceite de oliva y sal. Puede comerse sola o como acompañamiento de un plato principal de carne o pescado, aunque también es típico presentarla sobre una tostada de pan con unos filetes de anchoa.
Pero sin duda, si hay un plato que simboliza el verano son las ensaladas, con la lechuga como protagonista en muchos casos. Su sabor fresco combina muy bien con casi todos los ingredientes, tiene un alto contenido en fibra y es diurética. Como su porcentaje en agua supera el 90%, suele ser difícil conservarla en condiciones óptimas y se recomienda comerla fresca y crujiente.
Hay que tener cuidado con aderezarla con mucha antelación porque, además de deteriorar la vitamina C, su aspecto y sabor también se pierden con rapidez. Se recomienda aliñarla con aceite de oliva y complementar con hierbas tanto frescas como secas.
El tomate suele ser el acompañante habitual de la lechuga y con su sabor y su perfume aporta un toque delicioso y refrescante. Pero también puede combinarse en copas individuales con otros ingredientes como el melón, sirviendo éste con la pulpa cortada en bolitas y con un poco de queso feta. Se aliña con una mezcla de aceite, sal, pimienta, y zumo de limón y se añade albahaca troceada.
Otra opción es preparar tomates a la provenzal, cortándolos por la mitad, sin piel ni pepitas. Se echa sal y se colocan boca abajo para soltar el agua. Tras espolvorearlos con hierbas provenzales se pasan por la sartén por ambos lados, con un poco de aceite de oliva, hasta que estén bien hechos.
Llenas de color
Dentro de la misma familia que el tomate se encuentran los pimientos y berenjenas. Los primeros tienen dos variedades, los verdes que se cosechan antes de que lleguen a madurar y los rojos, ya maduros, que se utilizan tanto crudos, en ensalada como asados o fritos.
Las berenjenas, por su parte, permiten numerosas preparaciones, desde aperitivos hasta guarniciones. Se pueden combinar con tomates, cortando éstos por la mitad y colocándolos en una placa de horno. Se añade aceite y sal y se meten al horno junto con las berenjenas cortadas por la mitad, durante unos 20 minutos a 180°.
Por otro lado, se pican finos cebolla y puerro y se ponen a rehogar en una sartén. Cuando estén dorados, se les añade la carne de las berenjenas. Estas piezas se rellenan colocando en el fondo el tomate sin piel, encima el salteado y cubierto con ajo, mezclado con pan rallado y perejil). Se gratina al horno y se acompaña de espárragos fritos y cortados en juliana.
En cuanto a la remolacha, sus raíces pueden conservarse en vinagre para ensaladas o bien cocinarse en microondas o al vapor. Por su alto contenido en azúcar resultan deliciosas asadas al horno, eso sí, hay que procurar que todas las piezas tengan el mismo tamaño porque, en caso contrario, algunas pueden quemarse en función del tiempo de preparación. La borscht es una popular sopa rusa de remolacha que se sirve fría en verano.
Una de las pocas verduras que apenas pierde su sabor tras ser cocinada es la zanahoria. Tanto preparada como en crudo resultan excelentes, no sólo en el plano alimenticio sino por sus propiedades terapéuticas. Su presencia en guisos y sopas aumenta el valor nutritivo de los platos y es un ingrediente habitual en las recetas de verano. Son deliciosas tanto ralladas crudas en las ensaladas, hervidas, cocidas al vapor, asadas a la parrilla y suele ser habitual encontrarlas en las guarniciones junto con otros vegetales, acompañando a la carne, así como en postres.
Lo + leído