Además del tradicional roscón, el chocolate con churros es un combinado perfecto tanto para comenzar el año después de un final de fiesta como en forma de delicioso desayuno en el día de Reyes, para acompañar los nervios de la apertura de regalos.
No existen datos concretos acerca de cuándo comenzó en España la costumbre de comer chocolate con churros. Siglos antes, el emperador azteca Moctezuma tenía la costumbre de concluír sus comidas con infusiones elaboradas a base de cacao y el descubrimiento de esta bebida traída de América, trajo consigo su consumo inmediato.
La degustación conjunta del chocolate con los churros tampoco cuenta con una fecha precisa que demuestre la antigüedad de esta combinación, aunque se cree que comenzó a popularizarse hacia 1920, cuando comenzó a ser costumbre celebrar los cumpleaños con tazones de chocolate donde se untaban los churros. Con anterioridad, a comienzos del siglo XIX, ya existía la costumbre de desayunar churros, un producto que posiblemente se diera a conocer en las ferias ambulantes y que poco a poco fue adquiriendo más difusión, debido a su bajo precio.
Establecimientos especializados
Además de los establecimientos en los que se ofrece chocolate con churros como un servicio más dentro de su carta, existen numerosas chocolaterías especializadas exclusivamente en esta deliciosa combinación, servida como merienda. Por lo general, el chocolate se sirve en tazas y suele acompañarse de un plato con raciones de churros que corresponden al número de chocolates que se han pedido.
En función de su tamaño, los churros pueden variar en número y se presentan espolvoreados con azúcar o sin ella. Cada establecimiento cuenta con un estilo propio a la hora de preparar los churros, por eso pueden encontrarse estriados, simplemente cortados largos o bien con forma de lazo aunque, por lo general, todos cuentan con la característica común de que se preparan en el momento en que se piden. De esta forma se asegura que la masa esté crujiente, porque si no, se quedan fríos y revenidos.
Lo habitual es mojar los churros en el chocolate caliente e irlos comiendo, de forma que cuando éstos se acaben, el chocolate sobrante se bebe hasta terminar.
Los churros se elaboran poniendo en un recipiente agua y sal. Cuando se inicia la ebullición se añade la harina de trigo muy lentamente, mezclándola con una espátula de madera y trabajándola bien hasta obtener una masa consistente. Hoy en día, esta tarea se hace a máquina aunque en algunas churrerías se mantiene la costumbre de hacerlos a mano.
La masa obtenida se echa en la churrera donde ya está el aceite caliente, se les da forma y se fríen. Su forma estrellada hace que la fritura sea más homogénea y que la masa quede más compacta. Deben quedar crujientes por fuera y suaves en el centro. Una vez que están dorados, se van retirando y se escurren para eliminar el exceso de aceite. Suelen espolvorearse con azúcar normal, aunque en algunos países existe la costumbre de echar por encima azúcar glas.
Sabor casero
Si se quieren hacer churros caseros hay que poner agua a calentar, añadir un poco de mantequilla y una pizca de sal. Cuando hierva, se agrega harina, sin dejar de remover con una cuchara de madera hasta conseguir una masa fina que se desprenda del recipiente. Si queda muy dura, se puede añadir un poco más de agua.
Hay que dejar reposar la masa hasta que esté templada y después se introduce en una churrera. Se cortan los churros sobre una sartén con abundante aceite caliente, con cuidado para que no se peguen. Si no se dispone de una churrera, se puede meter la masa dentro de una manga pastelera con boquilla estriada y para formar los churros, presionar la manga sobre la sartén. Una vez hechos, se escurren sobre papel absorbente y se espolvorean con azúcar.
En cuanto al chocolate, se trocea una tableta teniendo en cuenta que si es chocolate negro quedará más fuerte. Se pone leche en una cazuela a fuego muy suave y pasados unos minutos se añade el chocolate, removiendo con una cuchara hasta que quede una mezcla homogénea. Dependiendo de lo espeso que se quiera, se puede añadir un poco más de chocolate o de leche, al gusto de cada persona. Una vez listo, se retira del fuego y se sirve en las tazas.
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