Los hábitos de compra han evolucionado notablemente en los últimos 30 años. Muchos productos han quedado desfasados y otros han ocupado su lugar, influenciados por factores sociales, económicos y tecnológicos.
Hace más de un siglo, al comienzo de una nueva era moderna, las pautas de consumo estaban totalmente alejadas de la imagen que se registra hoy en día. En 1830, casi el 70% del presupuesto se destinaba a la alimentación mientras que, en la actualidad, el gasto en la cesta de la compra se ha reducido a un escaso 20% y se invierte cerca de un 50% en la partida de «otros gastos».
En 1958 el gasto en alimentación se redujo al 55% por ciento y los gastos diversos llegaron por primera vez al 18%. Entre los años 50 y 60 se duplicó el consumo de carne y de papel per cápita, y el de azúcar y electricidad llegó a triplicarse, al tiempo que aumentaba la adquisición de bienes como la lavadora, el teléfono o el coche. A finales de los 60 el presupuesto en alimentación fue por primera vez inferior al 50%. Esta tendencia se aceleró a partir de 1980, fechas en las que la cesta de la compra suponía un 30%, tres puntos menos de lo que se invertía en otros gastos.
Al observar la evolución experimentada en el mundo de la economía, cabe destacar los cambios que han experimentado los hábitos de compra de los consumidores y las consecuencias que éstos han tenido sobre el propio comercio.
Aparecen las grandes superficies
En el siglo XX, durante la segunda mitad de los años 70 los pequeños comercios, con un nivel de especialización relativamente bajo, empezaron a convivir con las grandes organizaciones comerciales, ubicada en grandes superficies. Empezó a aparecer el concepto del “autoservicio” y poco a poco quedaba olvidada la relación directa con el vendedor de ultramarinos. Las estrategias de mercado fueron progresivamente cediendo paso a espacios que fomentaban los hábitos de compra en el consumidor. En ellos, junto a la compra de alimentos básicos, aparece una amplia oferta lúdica, tiendas especializadas y servicios complementarios que fueron creando necesidades derivadas, especialmente en el campo de los bienes y servicios.
La progresiva incorporación de la mujer al mercado laboral, también trajo consigo cambios en la economía doméstica. La crisis de los 70 dio lugar a una reestructuración de la economía a nivel mundial, que supuso el acceso de la mujer al mundo laboral para aumentar la productividad al menor coste. Al tener que compatibilizar trabajo y familia, aparecen en el hogar equipamientos que facilitan las tareas domésticas como la lavadora, el lavavajillas, la aspiradora o el microondas que, hoy en día, están totalmente generalizados.
En los años 70, las compras se realizaban a diario mientras que en la actualidad se recurre a realizar una compra fuerte una o dos veces al mes en una gran superficie, en la que se adquieren los productos de mayor consumo. Esta compra suele hacerse en fines de semana, lo que supone otro cambio en relación a la costumbre de hace unas décadas de hacer la compra en días laborables. Por otra parte, aparecen servicios que hace 30 años no se planteaban, como el envío de comida a domicilio.
En otros tiempos, las comidas se preparaban durante toda la mañana si era necesario y quedaban listas justo para el momento de sentarse a la mesa. Esta idea es impensable en la sociedad actual. El rápido ritmo de vida hace que los menús cotidianos se preparen muchas veces con productos semielaborados, que tan sólo necesitan calentar, con el consiguiente ahorro de tiempo.
La despensa se llena con productos que caducan a medio plazo, lo cual permite disponer de alimentos en casa, sin tener que recurrir al establecimiento cercano, salvo en caso de imprevistos. En esta línea, otra de las tendencias del mercado que ha experimentado una clara progresión ha sido el mercado de las conservas.
Oferta especializada
Este sector presenta hoy en día una gran especialización, que se refleja en la cantidad de productos que se venden enlatados o en envases de cristal como vegetales, carnes y pescados. En la misma línea, otro producto con gran aceptación son las conservas de alimentos ya preparados, fáciles de transportar y de almacenar y que mantienen intactas sus propiedades nutritivas.
La preocupación por hacer compatible una alimentación sana con mayor concienciación por los temas ambientales ha hecho que, progresivamente, los productos dietéticos y ecológicos estén presentes con mayor frecuencia en las estanterías de los supermercados. La masiva aparición de los primeros suponía a una alternativa para ingerir menos calorías sin dejar de consumir lo que más gusta.
Los productos ecológicos son otro mercado en expansión. Las nuevas tendencias en el consumo y la necesidad de abrir nuevos mercados, unidos a una legislación cada vez más estricta sobre la sanidad y los alimentos y el interés por el desarrollo sostenible, promovieron la aparición de estos productos, que se cultivan con un uso limitado de aditivos, sin abonos químicos ni pesticidas, ni contienen organismos modificados genéticamente.
Artículos relacionados
- Bistronomie, alta cocina a precios económicos
- Sobrevivir a la cuesta de enero
Lo + leído