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Prevenir las intoxicaciones alimentarias

En verano, las bacterias patógenas encuentran el ambiente idóneo para reproducirse en las temperaturas cálidas. Alrededor de un 60% de las intoxicaciones alimentarias se producen en estas fechas, pero es posible prevenirlas.

Durante todo el año se hace hincapié en la necesidad de no romper la cadena del frío y tomar precauciones a la hora de cocinar y guardar los alimentos. En la época estival conviene extremar esas precauciones, porque una comida que no se sepa cuándo se ha cocinado, cuáles son sus ingredientes o si se ha conservado adecuadamente, puede dar al traste con unas vacaciones esperadas desde hace tiempo.

En la época de calor es fundamental tener cuidado con la refrigeración de los alimentos y su conservación. Ante todo, al comprar, transportar y almacenar los alimentos es indispensable una correcta higiene para evitar cualquier tipo de infección alimentaria

Conviene lavarse las manos antes de manipular los alimentos. Una vez hechas las compras – observando con cuidado las fechas de caducidad – si se adquiere carne, conviene asegurarse de que esté fresca y, de cualquier forma, es mejor comerla en las siguientes horas. Cuanto más tiempo transcurre desde la preparación de un alimento hasta su consumo, existen mayores posibilidades de contaminación si no se mantiene en condiciones de frío. Otro punto importante son los insectos que proliferan en esta época del año y que pueden contaminar los alimentos si éstos se dejan sin tapar. 

Precaución, dentro y fuera de casa

Con frecuencia en vacaciones se come fuera de casa, por eso conviene tomar precauciones y evitar ciertos ingredientes y platos elaborados con éstos como la mayonesa o la ensaladilla rusa, el marisco, las ensaladas y bocadillos que contengan huevo o salsas susceptibles de estropearse (es preferible elegir una ensalada de arroz o de pasta), sin olvidar el agua, preferentemente embotellada y los postres elaborados con cremas pasteleras, huevo o nata. 

Aunque muchas veces se tiene noticia de casos ocurridos en establecimientos públicos, lo cierto es que más del 50% de las toxiinfecciones alimentarias se producen en el hogar. Conviene tener cuidado con los alimentos que se comen crudos. Si se compran preparados, hay que ser riguroso con la fecha de caducidad. 

Los alimentos que pueden estar contaminados suelen ser de origen animal: todas las carnes, huevos, pescados, mariscos crudos o poco cocidos, además de la leche no pasteurizada y los derivados de ésta. Pero en realidad, incluso los vegetales pueden contaminarse. 

El huevo es un alimento especialmente delicado en verano y se debe mantener siempre bien refrigerado. Las recetas que se elaboren con este ingrediente se deben consumir en el día, porque es un producto especialmente sensible al calor. La mayor parte de las infecciones por salmonella están relacionadas directamente con el huevo. Platos preparados con huevos crudos como las ensaladillas, las mayonesas, aves mal cocinadas o alimentos que se han dejado sin refrigerar después de cocinar, se pueden estropear con facilidad. Las altas temperaturas eliminan completamente los microbios. Sin embargo, un alimento bien cocinado puede contaminarse después si entra en contacto con utensilios contaminados o quien manipula los alimentos tiene poca higiene. En este punto, existen muchas probabilidades de desembocar en salmonelosis. 

Cuando la bacteria salmonella llega a los alimentos puede multiplicarse rápidamente. Se trata de una bacteria que se encuentra en el intestino de las personas y los animales. Su incidencia es más elevada en verano porque las altas temperaturas favorecen su desarrollo, de ahí la insistencia en que los alimentos se refrigeren rápidamente, para evitar que el microorganismo se multiplique, con el consiguiente riesgo para los consumidores. Si se ingiere en una cantidad importante, se reproduce en el organismo provocando una infección con diarreas, dolores abdominales y de cabeza, fiebre, y vómitos. 

La gastroenteritis suele ser otra intoxicación alimenticia habitual. Afecta al estómago y a los intestinos y se contrae por ingerir alimentos o agua en mal estado, frutas y verduras sin lavar. 

 

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