Pueden parecer salidos de un cuento, pero son una realidad. Los tomates azules, modificados genéticamente, se han creado para producir vacunas y proteínas con fines terapéuticos.
El Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP) de Valencia desarrolló recientemente un proyecto para diseñar frutos mediante modificación genética y cuyo objetivo sería producir vacunas y proteínas de valor añadido, con fines terapéuticos tanto curativos como paliativos, entre otros.
La idea resulta especialmente novedosa porque, en lugar de ingerir un medicamento, el proceso se ha desarrollado en tomates como los que se consumen habitualmente, debido a su alto valor antioxidante. Sin embargo, todavía deben concluir muchas más investigaciones para que el público pueda disponer de estos tomates terapéuticos.
Con anterioridad, ya se habían creado variedades transgénicas del arroz, la sandía o el pepino, entre otros. La elección del tomate se debe a que es un alimento frecuente en la dieta occidental, constituye una fuente de vitaminas y, además, es capaz de crear fácilmente una gran cantidad de biomasa.
Proteger el aparato digestivo
Por una parte, se trata de mejorar la calidad del propio tomate en sí. Por otra, de que produzca proteínas que habitualmente no se encuentran en esta hortaliza, para fines terapéuticos. De esta forma, el consumo de tomates azules aumentaría las defensas orgánicas frente a determinadas enfermedades. Por ejemplo, se podría proteger el aparato digestivo de los agentes infecciosos que suelen ingerirse en el proceso de comer. Además, permitirá desarrollar vacunas – antidiarreicas, fundamentalmente - para uso tanto humano como animal.
Además de estas características, la modificación genética ha permitido que estos tomates tengan un peculiar color azulado, que no tiene otra finalidad más que el consumidor pueda distinguir fácilmente el producto normal del terapéutico. Hay que tener en cuenta que, en su aspecto externo, los productos transgénicos no se diferencian del resto. Por eso se modificó la síntesis del pigmento del fruto.
Por otra parte, estos tomates transgénicos poseen unas cualidades mejoradas como un aporte de antioxidantes superior al de los tomates tradicionales y una mayor aportación vitamínica, ausencia de semillas y mejor aroma y sabor. En Estados Unidos incluso pueden encontrarse tomates morados, cuyo color contiene las sustancias presentes en los arándanos que reducen el riesgo de padecer cáncer y enfermedades del corazón.
Los investigadores consideran que las plantas transgénicas de tomate son esenciales para averiguar cuál es la función de cada gen en la formación de un fruto de calidad, que podría adaptarse a unas condiciones diferentes a las habituales.
De cualquier forma, esta exquisita hortaliza en su forma tradicional es un alimento absolutamente recomendable en la dieta cotidiana. Es rico en vitamina C y A (carotenoides), que protegen frente a los primeros rayos del sol. Además, contiene vitaminas del grupo B, y K. Contiene minerales, especialmente hierro, fósforo, calcio, manganeso, magnesio, cobre, potasio, zinc y sodio.
El licopeno, la sustancia que le proporciona su característico color, contiene propiedades antioxidantes, previene la arterioesclerosis y protege frente a diferentes tipos de cáncer. Otro de sus componentes son los flavonoides, unos pigmentos fenólicos que toman parte en el mantenimiento de la integridad de las paredes celulares.
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