¿Cómo afecta el cambio de hora a las personas y al entorno? ¿Por qué se atrasa o adelanta el reloj dos veces al año? ¿Energéticamente, cómo repercute en el consumo? En las próximas líneas se responde a éstas preguntas.
La Comisión Europea estableció un cambio de horario de invierno y de verano unificado para todos los países que componen la Unión Europea. Así, los relojes se adelantan una hora en la madrugada de un sábado a un domingo en primavera y cuando las manecillas marcan las dos pasan a ser las tres. El horario de invierno y de verano en Europa está regulado por la Directiva 2000/84/CE, de 19 de enero de 2001, incorporada al ordenamiento jurídico español por el Real Decreto 236/2002, de 1 de marzo.
Cuando llega el invierno no conviene mantener el horario de verano porque se trabajaría muchas horas cuando ya es de noche, con el consiguiente aumento del gasto en energía. El horario vuelve a ajustarse cada año a las 3:00 horas de la madrugada un fin de semana de otoño previamente prefijado.
El objetivo principal que se persigue retrasando la hora cuando se acerca el invierno o adelantándola al llegar el verano es aprovechar mejor la luz solar con la consiguiente reducción del gasto energético. En la época estival el Sol sale antes y se mete más tarde. Los días son más largos. Con la modificación horaria se intenta hace coincidir el inicio de la jornada laboral con el amanecer para ganar tiempo a la noche. Así se aprovecha mejor la luz natural y se ahorra energía.
El incremento de la seguridad vial es otra de las razones que se manejan para que permanezca el cambio de horario, ya que cuanto más tiempo se conduce de día menos accidentes de tráfico se producen. Hay estudios que aseguran que una hora más de luz reduce los siniestros en carretera entre un 0,4 y un 0,7%.
Menor gasto energético
La búsqueda de un mayor ahorro de energía, y consecuentemente de dinero e impacto ambiental, es responsable de este cambio de hora. Gran Bretaña e Irlanda fueron los primeros países en percatarse de sus beneficios. España y Francia se sumaron a esta iniciativa poco después, en 1919. Hoy alrededor de 75 países emplean este método para economizar su consumo energético.
Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el hecho de disponer de dos horarios ahorra a los españoles al menos un 5% de la factura de iluminación en las viviendas y cerca de un 3% del recibo correspondiente al aire acondicionado en los establecimientos comerciales.
La reducción del consumo de energía y la rebaja de gases de efecto invernadero es mayor en verano. El motivo es que en invierno el tiempo de luz diurna es menor. El comercio y el sector turístico y de ocio son algunos de los beneficiarios por el aumento de horas de luz.
Consecuencias sobre el organismo
Se ha especulado mucho con las consecuencias que el cambio horario acarrea sobre el organismo. De hecho Francia llegó a pedir a la Unión Europea que aboliera el doble horario aduciendo que es antinatural, que influye en el estado de ánimo y la salud de las personas, y que perjudica a la agricultura y a la ganadería.
El paso al horario de verano sí provoca un cambio en las costumbres cotidianas pero también un ahorro para la economía familiar. Las estimaciones apuntan que en comportamientos individuales en el conjunto de los hogares españoles se ahorra una hora de consumo de cuatro bombillas de 60 watios durante los seis meses de la temporada de verano. También el gasto es menor en calefacción en invierno, ya que el Sol calienta más horas y se precisa menos tiempo de funcionamiento de radiadores y estufas. Lo mismo sucede con el aire acondicionado: el cambio de una hora de la tarde por una de la mañana, de temperatura más fresca, hace que se necesite menos este dispositivo para enfriar un edificio o una vivienda.
Y el cuerpo humano se habitúa al cambio en pocos días. Tal vez por ello, en general, la sociedad parece haber admitido que el cambio de hora conlleva más bienestar y ventajas, tanto sociales como económicas, que inconveni
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