La bombilla tradicional, que apenas había cambiado desde su invención hace más de un siglo por Thomas Edison, está ahora a punto de desaparecer en España. Así lo ha acordado el Congreso de los Diputados, que ha dado un plazo de tres años para su sustitución por las bombillas de bajo consumo.
La Comisión de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino del Parlamento ha aprobado por unanimidad una propuesta de CiU en la que se insta al Gobierno a desarrollar un plan para sustituir las tradicionales bombillas de filamento incandescente por las de bajo consumo en un plazo máximo de tres años.
Los motivos que han impulsado esta iniciativa son claros. Las bombillas tradicionales tienen como sabemos un pequeño filamento en su interior que, al conducir corriente eléctrica, se calienta hasta el punto de volverse incandescente, produciendo de esa forma luz. El problema es que mediante esta tecnología el 90% de la energía se consume creando calor, y no luz, un derroche que si lo multiplicamos por los aproximadamente 350 millones de esa clase de bombillas que se calcula aún siguen funcionando en España, puede darnos una idea de la gran cantidad de energía que se malgasta sin provecho alguno.
De hecho, según los datos de Pere Macias, el diputado convergente que defendió esta iniciativa, de esta manera podría disminuir el consumo eléctrico total hasta en un 3%, lo que supondría aproximadamente una reducción de unos 6 millones y medio de toneladas de CO2 emitidas a la atmósfera.
Este ahorro tiene dos vertientes: por un lado beneficia al consumidor (hasta el 20% de la factura eléctrica del hogar está originada por las bombillas), que ve como el mayor coste inicial de las bombillas de bajo consumo –unos 10 euros por unidad- queda largamente compensado por su menor gasto y su mayor duración, mientras que por otro lado beneficia al sistema de producción eléctrica en su conjunto, ya que disminuye los picos de demanda de energía por la población, lo que requiere a menudo centrales que han de funcionar solo durante esos determinados momentos.
¿Cómo son las nuevas bombillas?
Pese a que poco a poco van abriéndose hueco, las lámparas de bajo consumo, también llamadas LFC -Lámparas Fluorescentes Compactas- no nos resultan tan familiares como las antiguas. Al igual que éstas también van a rosca, por lo que su sustitución es igual de sencilla y no requiere ninguna modificación en la instalación. De hecho hay una web promovida por Yahoo llamada 18 seconds, que es el tiempo en que se tarda en cambiarla. Respecto a su forma, es más variada y se presenta en forma de espiral, alargada, de globo o de anillo. El color de la luz que emite puede variar según el tipo y potencia de la bombilla, y puede ir desde los colores más blancos típicos de los tubos fluorescentes de muchas cocinas hasta tonalidades más cálidas y amarillentas, similares a los de las clásicas bombillas.
Si bien como indicábamos su coste es algo mayor, al resultar mucho más efectiva su conversión de electricidad en luz conlleva una disminución del consumo de hasta el 80% de energía, lo que unido a su mayor duración puede suponer un ahorro durante toda su vida útil de unos 60 euros. Pero junto a estas apreciables ventajas también presentan algún que otro inconveniente. Durante su encendido el consumo es mayor, y además requiere una espera de aproximadamente un minuto hasta lograr una adecuada intensidad en la iluminación que aporta. También hay que tener en cuenta que debido a que cuentan con una pequeña cantidad de mercurio -un elemento muy contaminante- deben ser recicladas de forma adecuada.
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