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¿Cuántos recursos desperdiciamos al día?

En nuestra vida cotidiana en el hogar si realizamos una serie de pequeños gestos podemos a largo plazo ahorrar dinero en las facturas, prolongar la vida de los electrodomésticos y contribuir a la conservación del medio ambiente.

Basta reflexionar brevemente sobre algunos de nuestros hábitos para darnos cuenta de que modificándolos podremos hacer un uso más racional de los recursos sin apenas esfuerzo y sin que nuestra calidad de vida se vea mermada lo más mínimo. 

Ahorro de agua

Uno que resulta evidente, especialmente si tenemos en cuenta los problemas de escasez de agua que afectan a gran parte de España, es cerrar el grifo cuando no lo estemos usando mientras fregamos, nos duchamos o lavamos los dientes. En este sentido podemos adquirir reductores de caudal o perlizadores, unos pequeños dispositivos que cuestan entre 7 y 25 euros, para acoplarlos en los grifos o la alcachofa de la ducha. Mantienen la presión del agua pero reduciendo el flujo, de manera que al cabo del año su coste ha sido sobradamente compensado. Además hay que tener en cuenta que más del 40% del agua que consumimos es agua caliente, con el consecuente gasto de energía que eso supone. 

Mejorar la iluminación

Como es sabido una mala iluminación en el interior de la casa le da un aire tétrico que es recomendable evitar, pero para ello no es necesario aumentar el gasto en la factura de electricidad. Basta con pintar las habitaciones con colores claros, dejar abiertas las persianas y cortinas durante el día y utilizar bombillas de bajo consumo. Esta clase de lámparas consumen entre un 20 y un 80% de la electricidad de las normales y además su duración puede llegar a ser hasta quince veces mayor. 

Disminuir el uso de la calefacción

En una vivienda española normal la calefacción supone aproximadamente el 30% del consumo total de energía. Es algo básico por tanto si queremos ahorrar energía ver de que manera podemos mejorar su uso sin que por ello la casa resulte menos acogedora en los días de invierno. Una buena opción está en mejorar el aislamiento mediante la colocación de paneles en paredes y techos, y si no podemos permitírnoslo, entonces basta un falso techo de escayola o yeso para facilitar la concentración de calor. También podemos recurrir al doble acristalamiento, colocando burletes en puertas y ventanas (por cierto que las de madera aíslan mejor que las de aluminio) y poniendo cortinas. 

También es conveniente aislar las cajas donde se enrollan las persianas, un lugar por el que se escapa una buena parte del calor. Respecto al uso de la calefacción, se recomienda que no se ponga a más de 20 grados y por supuesto hay que procurar apagarla siempre que vayamos a salir de casa. 

Ahorro en la cocina

Tapar las cazuelas y que éstas sean mayores que el fogón que las calienta, descongelar los alimentos dejándolos en la nevera durante un tiempo en lugar de utilizar el microondas y evitar abrir innecesariamente las puertas tanto del horno como del frigorífico, son algunas de los sencillos gestos cotidianos que podemos llevar a cabo y que a largo plazo pueden suponer un importante ahorro. 
 
 
Uso eficiente de los electrodomésticos

Es un hecho que los hogares acumulan cada año más y más electrodomésticos, lo que supone un gasto energético cada vez mayor. Especialmente porque ahora muchos de ellos están hechos para permanecer conectados continuamente el flujo eléctrico aunque no estén usándose, lo que se conoce como energía en espera. Por ello es recomendable comprar aquellos que estén etiquetados de acuerdo a la normativa europea como eficientes. También es una buena idea desconectar los enchufes cuando salgamos por vacaciones y conectar varios aparatos a una regleta con interruptor, para poder desconectarlos con un solo gesto. 

 

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